12 DE OCTUBRE: EL DÍA EN QUE ABYA YALA COMENZÓ A SANGRAR 

Por Jaime Gómez Alcaraz - Analista Internacional


No fue un descubrimiento. Nadie descubre una tierra habitada por millones de seres humanos. No fue un encuentro de dos mundos. Fue el comienzo de una invasión, de un despojo y de una larga historia de sometimiento pero también de resistencia.

El 12 de octubre de 1492, las naves europeas llegaron a un continente que ya tenía memoria, ciencia, lenguas, dioses, culturas y civilizaciones. Abya Yala no esperaba ser descubierta. Sus pueblos llevaban milenios construyendo su propia historia. Llegaron con la cruz en una mano y la espada en la otra. Dijeron traer la civilización mientras destruían civilizaciones. Dijeron traer la palabra de Dios mientras condenaban al silencio las voces de los pueblos ancestrales. Llamaron salvajes a quienes conocían los secretos de la tierra y llamaron progreso al saqueo de sus riquezas.

Quemaron templos, destruyeron ciudades, persiguieron creencias y arrancaron pueblos enteros de sus territorios. Millones murieron por las guerras, la explotación, el trabajo forzado y las enfermedades que acompañaron la conquista. El oro cruzó el océano. La sangre quedó en América. Y cuando los invasores escribieron la historia, los pueblos sometidos aparecieron como una nota al pie. Los vencedores se proclamaron héroes y los vencidos fueron condenados al olvido.

Pero no lograron destruirlo todo. Sobrevivieron las lenguas, las semillas, los cantos, los conocimientos y la memoria. Sobrevivieron los pueblos que se negaron a desaparecer. Y hoy, más de cinco siglos después, sus descendientes siguen defendiendo la tierra, el agua, la identidad y el derecho a existir sin pedir permiso. La invasión no terminó con la retirada de los invasores. Sus herencias persisten allí donde se despoja a las comunidades de sus territorios, donde el racismo condena a los pueblos originarios a la marginación y donde la riqueza de unos continúa alimentándose de la pobreza de otros.

El 12 de octubre no es una fecha para celebrar la conquista. Es una fecha para recordar a sus víctimas, denunciar el colonialismo y reconocer la resistencia de los pueblos de Abya Yala. Porque América no nació en 1492. Ya existía. Ya pensaba. Ya soñaba. Ya tenía nombre. Y aunque intentaron arrebatarle hasta la memoria, Abya Yala sigue viva.

No fue descubrimiento. Fue invasión. Y donde hubo invasión, también hubo resistencia.

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