TRUMP Y LA CRIMINALIZACIÓN RACISTA DE LOS SOMALÍES

Por Jaime Gómez Alcaraz - Analista Internacional



Las recientes declaraciones del presidente Donald Trump, en las que afirmó no querer a personas somalíes en Estados Unidos, calificando su país de origen como “apestoso” y refiriéndose a su población como “basura”, constituyen un ejemplo explícito de cómo el racismo puede ser instrumentalizado desde las más altas esferas del poder para reforzar proyectos políticos excluyentes. Este tipo de lenguaje, lejos de ser un exabrupto aislado, se inscribe en una tradición histórica de deshumanización que ha acompañado las políticas imperiales occidentales durante décadas.

Desde una mirada crítica sobre la relación histórica entre Estados Unidos y el Sur Global, resulta imposible ignorar que la situación de Somalia está profundamente condicionada por dinámicas geopolíticas en las que Washington ha sido un actor central. Intervenciones militares, alianzas estratégicas fluctuantes y la imposición de modelos económicos externos han contribuido a la fragilidad institucional somalí. Presentar a Somalia como un “problema ajeno” mientras se omiten estas responsabilidades es una forma de manipulación política que desplaza la atención de las causas estructurales hacia las víctimas mismas de ese proceso histórico.

El carácter abiertamente racista de las palabras de Trump no es un detalle menor. Utilizar expresiones como “apestan” o “basura” para referirse a colectivos enteros reproduce un lenguaje de jerarquización racial que ha servido históricamente para justificar exclusión, violencia y políticas de marginación. Este tipo de discursos no solo degradan a las comunidades afectadas, sino que también legitiman prácticas institucionales de discriminación: perfiles raciales, barreras en el acceso a servicios públicos, criminalización de barrios enteros habitados por diásporas africanas y endurecimiento de las políticas migratorias.

Tampoco puede pasarse por alto que la migración somalí hacia Estados Unidos ha estado impulsada, en buena medida, por conflictos, hambrunas y crisis generadas o exacerbadas por las dinámicas globales en las que participan potencias occidentales. Exigir que “vuelvan por donde vinieron” sin reconocer este entramado de responsabilidades colectivas del Norte global constituye un gesto político irresponsable que busca construir un enemigo interno a partir de la vulnerabilidad de comunidades racializadas.


Exigir que “vuelvan por donde vinieron” sin reconocer este entramado de responsabilidades colectivas del Norte global constituye un gesto político irresponsable que busca construir un enemigo interno a partir de la vulnerabilidad de comunidades racializadas.

 


El verdadero problema no reside en la presencia de los somalíes en Estados Unidos, sino en un discurso presidencial que convierte el racismo en herramienta de articulación política, refuerza imaginarios de supremacía blanca y normaliza la exclusión. La sociedad democrática no puede permitir que estas narrativas se consoliden. La crítica rigurosa, el análisis histórico y la defensa firme de la dignidad humana son esenciales para desmantelar este tipo de retóricas que, bajo la apariencia de preocupación nacional, reproducen viejos patrones de dominación y violencia.

En un contexto global donde resurgen discursos racistas y profundamente nacionalistas, resulta indispensable no solo denunciar sino confrontar de manera directa estas expresiones de odio. La respuesta no puede limitarse a la indignación moral: exige construir y fortalecer movimientos políticos, sociales y culturales capaces de disputar el sentido común que normaliza la violencia racial. Exige señalar, sin ambigüedades, que cuando un presidente denigra a un pueblo entero, está activando los mismos mecanismos ideológicos que históricamente han justificado invasiones, exclusiones y exterminios.

Cerrar los ojos frente a este tipo de declaraciones es permitir que el racismo siga funcionando como arquitectura del poder global. La tarea, por tanto, es clara: desmantelar estas estructuras con la movilización, con una crítica frontal, insumisa y profundamente comprometida con la dignidad de todos los pueblos. Callar frente a estas ofensivas no es neutralidad; es complicidad.

Comentarios

Entradas populares de este blog