12 DE OCTUBRE: DÍA DE LA RESISTENCIA Y LA MEMORIA

Por Jaime Gómez Alcaraz - Analista Internacional



Celebrar el 12 de octubre como “Día del Descubrimiento de América” constituye una herencia de una narrativa colonial que, más que conmemorar un encuentro entre culturas, encubre uno de los procesos más violentos, destructivos y desiguales de la historia humana. Llamarlo “descubrimiento” implica asumir que antes de la llegada de Colón el continente no existía en términos civilizatorios, negando así la presencia de cientos de pueblos con sistemas políticos, económicos, filosóficos y espirituales propios, muchos de los cuales alcanzaron niveles de desarrollo y organización admirables. Lo ocurrido a partir de 1492 no fue un descubrimiento, sino una invasión y un saqueo. La llegada europea marcó el inicio de un largo periodo de conquista, colonización y sometimiento. Tras la cruz y la espada se impuso un orden basado en la esclavitud, el saqueo de los recursos naturales y la destrucción de los modos de vida originarios. Millones de hombres y mujeres fueron asesinados, desplazados o esclavizados en nombre de una supuesta civilización que, en realidad, trajo el despojo, la enfermedad, la esclavitud y la muerte. El 12 de octubre celebra, por tanto, una violencia fundacional. Es el recuerdo de un genocidio que transformó radicalmente las estructuras sociales del continente y dio origen a jerarquías raciales que aún persisten. En este sentido, festejar la fecha sin una reflexión crítica equivale a perpetuar una visión eurocéntrica del pasado y a negar el dolor histórico de los pueblos indígenas. La idea de una “hispanidad” unificadora —frecuentemente evocada por los defensores de la celebración— resulta también problemática. Este concepto, construido desde la lógica colonial, presenta una falsa unidad cultural que invisibiliza la diversidad de identidades, lenguas y cosmovisiones que caracterizan a América Latina. Hablar de “raza” o de “hermandad hispánica” borra las huellas de la violencia y el racismo que dieron origen a esas categorías, y reduce la historia del continente a un relato de dominación cultural. Por ello, más que celebrar, es necesario re-significar el 12 de octubre. Diversos movimientos sociales e instituciones académicas han propuesto que esta fecha se transforme en un Día de la Resistencia Indígena, de la Memoria y la Diversidad Cultural, o de la Nación Pluricultural, como ya ocurre en algunos países. Se trata de mirar la historia de frente, reconociendo tanto la tragedia como la resistencia que surgió frente a ella. La verdadera conmemoración del 12 de octubre debería ser un acto de justicia histórica. Un espacio para reflexionar sobre la deuda moral que las sociedades actuales mantienen con los pueblos originarios; para denunciar las formas contemporáneas de despojo que continúan bajo nuevos rostros —mineras, agroindustrias, megaproyectos—; y para reafirmar el derecho de los pueblos ancestrales a la autodeterminación, la tierra y la cultura. En última instancia, transformar el sentido del 12 de octubre no es un gesto simbólico menor: es una apuesta por construir una memoria incluyente y descolonizada. Una memoria que no glorifique la conquista, sino que celebre la resistencia, la dignidad y la diversidad que siguen dando vida a nuestra Abya Yala.

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